10 enero 2018 Alimentación saludable

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Tras unas fiestas como puede ser la Navidad, los excesos en comidas dulces y saladas están a la orden del día. Las comidas familiares en casa de la abuela o de tus padres siempre nos incitan a comer más de lo habitual, bien sea porque estamos celebrando la reunión con familiares que hace tiempo que no vemos o porque, simplemente, es tradición. Y la comida está riquísima, por supuesto.

Varios estudios médicos demuestran que en esta época del año, la tendencia es a ganar entre 2-4 kilos por persona, algo que es realmente peligroso para el organismo y el metabolismo. Las comidas que no estamos acostumbrados a ingerir, junto a la difícil digestión de esos alimentos y el sedentarismo, provocan que muchos tengamos dolores y malestar general.

Aunque no vamos a obligar a nadie a no excederse, porque nosotros también lo hemos hecho, sí queremos recomendar una serie de trucos básicos, efectivos y fáciles de llevar a cabo para esos días en los que nos arrepentimos de las comidas que hemos ingerido. La vuelta al gimnasio puede ser una solución, pero no es la única ni la más efectiva, al menos, de forma unilateral.

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Las dietas milagro tampoco son aconsejables bajo ningún concepto, porque tiende a recuperarse el doble de lo perdido en poco tiempo. Pero como siempre, tenemos una serie de trucos y consejos que bien pueden servir como base para tener una mejor recuperación en materia alimentaria.

  1. Realizar un desayuno con fruta, cereales y yogur. El desayuno es importante, incluso el día después a una cena copiosa, para reponer fuerzas y para tener un apetito moderado y menos ansiedad en la siguiente comida.
  2. Tomar un menú ligero, combinando alimentos hipocalóricos como pueden ser las hortalizas y verduras, frutas, pescados con preparaciones a la plancha o cocidas.
  3. Hidratarse bien a lo largo del día, hasta 2-3 litros diarios de agua.
  4. Introducir alimentos depurativos en los días siguientes, ya que estimulan órganos como el hígado, riñones, intestino y alivian las molestias que acompañan a los excesos. Los alimentos que tonifican el hígado son los vegetales de ligero sabor amargo (escarola, endibias, alcachofa, cardo, berenjena, infusiones de diente de león y cardo mariano) y los que activan la acción depurativa del riñón son las verduras y las frutas, como apio, espárragos, borraja, manzana o pera.
  5. Sustituir aperitivos energéticos y fritos por otros más ligeros como canapés con frutas y verduras, mejillones al vapor, berberechos y similares.
  6. Retirar la grasa de los caldos. Hacerlos el día antes y dejarlos en la nevera permitirá eliminar la capa superior de grasa más fácilmente.
  7. Limitar el uso de aceite al máximo. Cuando rehoguemos verduras, podemos incorporar unas gotas de aceite y aprovechar el caldo de la cocción. De esta manera, al evaporarse el líquido, las verduras quedarán ricas y ligeras. Utilizando sartenes antiadherentes, podremos dorar los alimentos sin tener que utilizar grandes cantidades de grasa.
  8. Masticar bien. Masticar entre 15 y 20 veces cada bocado permitirá descubrir que no podremos comer tanto como nos apetecía en un principio.
  9. Evitar el picoteo a lo largo del día. Las 5 comidas diarias se deben respetar, pero nunca hacer más.
  10. Limitar el consumo de dulces y alcohol en la medida de lo posible.
  11. El último por supuesto y más importante es hacer ejercicio. No necesitamos correr la maratón sino simples hechos como salir a pasear o usar las escaleras en vez del ascensor, serán hábitos que agradeceremos a la larga y ayudaremos al cuerpo a quemar esas calorías ingeridas de más.

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